A veces se olvida que detrás de una barra también hay personas.

 


Trabajamos de cara al público, no en un circo.

El otro día trabajando nos paso una cosa curiosa que hoy tengo que hablar de ello, todo parecía bien con la clienta hasta que minutos después nos puso una reseña.

Somos educadas, atendemos, preparamos pedidos, resolvemos problemas y sacamos el trabajo adelante. Pero no tenemos la obligación de estar con una sonrisa de anuncio durante ocho horas para demostrar que somos amables. En este caso para nada estabámos serias, atendimos a la clienta correctamente por eso nos llamó especialmente la atención su mensaje, siendo que por su parte tampoco es que digamos que era la persona más amable del mundo, fue correcta y ya.

Trabajamos con respeto, con esfuerzo y con la mejor intención.
Somos amables trabajando, pero no payasas.
No estamos aquí para actuar, sino para sacar adelante cada pedido de la mejor manera posible.

Porque detrás de una barra también hay personas. Y nadie sabe si esa persona ha dormido poco, tiene un problema en casa, está agotada, lleva horas sin parar o simplemente ese día no tiene ganas de hacer teatro.

Ser profesional es tratar bien. No fingir felicidad.
Una sonrisa enorme no convierte a nadie en mejor camarera, igual que una cara seria no significa mala educación.

Así que sí: somos amables, somos correctas y hacemos nuestro trabajo. Pero payasas, no.


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